LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL

“Es indispensable mejorar la convivencia social dentro de la empresa, hay que
humanizar la fábrica (Enrique Shaw)”

Por Hugo Polcan

Esto necesita un cambio                                                    

En la historia de las naciones hay situaciones en las que el estilo de vida no responde a las necesidades básicas y los sistemas y organizaciones impiden una vida realmente humana.  Es el momento en que se hace imprescindible un cambio. En caso de pretender eludirlo, sólo queda la tóxica reflexión de que “siempre se puede estar peor”.

Pero es de tener en cuenta que el cambio social no es un proceso automático ni predeterminado: debe ser dirigido, para que las personas no terminen siendo víctimas de  transformaciones estructurales sociales o económicas no deseables. Y  muestra las vicisitudes de todo proceso vital, con modificaciones de ritmo, distorsiones y estancamientos.  En consecuencia: la estrategiade su abordajedebe ser planificada a partir de datossurgidos de la experiencia, en contacto con la realidad concreta, no de concepciones ideológicas a priori. En teoría, muchos métodos pueden parecer igualmente eficaces y prometedores, pero será la praxis la que indique el mejor camino, y eso requiere “oficio”, que sólo pocos tienen…

Hay muchos “entusiastas del cambio”, revolucionarios tardíos, mentalidades exaltadas que no aseguran un cambio consistente ni dan muestra de contar con metas definidas, sino sólo de pulsiones emocionales. Una posición responsable requiere saber por quécambiar, hacia dónde cambiar y cómocambiar, tener claro qué se quiere, porque el cambio resulta deseable en cuanto implique desarrollo humano y creación de estructuras que promuevan la realización plena de las condiciones personales.

Además, se debe estar en condiciones de fundamentar sólidamenteque lo que se quiere es mejor que lo presente. Esto significa que habrá que cuidarse de la improvisación y de la irresponsabilidad ingenua de creer que todo es fácil. Los partidos se presentan a elecciones buscando el poder pero sin planes serios fruto de reflexión, “ensayistas”  que no tienen en cuenta que con la vida de un pueblo no se juega, porque luego las catástrofes no las pagan ellos. La idea mágica del cambio, según la cual de la desintegración de todo lo actual surgirá automáticamente, como un Ave Fénix, algo mejor, es  infantilismo revolucionario.

El cambio debe ser una decisión compartida. Y ya que deben ser las sociedades humanas las protagonistas de su destino histórico, el cambio no puede ser obra de unos pocos. “Lo que afecta a todos, tiene que ser decidido por todos” (Gracián). Una revolución que no sea la decisión de todo un pueblo, no es auténtica ni posee bases que garanticen su permanencia histórica. Cuando se argumenta que “el pueblo no está en condiciones de tomar conciencia de sus necesidades por sí mismo” o “no puede hacer valer sus derechos” y se buscan mesías providenciales que “despierten a sus hermanos débiles o dormidos”, se alienta un paternalismo sobreprotector propio de cualquier monarquía o dictadura. No siempre el poder responde a las genuinas necesidades del pueblo.   

Claro está que no se nos escapa el fenómeno de la “resistencia al cambio”. Frente a modificaciones que producen ansiedad (pérdidas de poder o prestigio, disminución de ganancias y beneficios, inseguridad frente al futuro) existen en las personas mecanismos defensivos de intensa fuerza emocional. Hay grupos humanos difíciles de adaptarse a la modificación de sus comodidades habituales: Hay  sectores que ven en el cambio amenazados sus privilegios y obviamente se resistirán al cambio con irreductible tenacidad.

En fin: el cambio debe ser fruto de una decisión social, planificado en sus procedimientos y esclarecido en sus objetivos.

 Individuos y estructuras 

Y así llegamos a una cuestión esencial: los cambios sociales no son tales si las modificaciones de la sociedad (políticas, económicas, organizativas) no poseen su contraparte en el interior de las personas y no se modifican actitudes, valores y criterios en las conductas de sus integrantes. No es posible un sistema social justo sin una mentalidad de justicia en los ciudadanos. El cambio de un sistema no internalizado en el estilo de la vida y no hecho cultura es una entidad formal o estructural sin consistencia ni garantía de perdurabilidad.

Los enfoques en este terreno se suelen alinear en dos posiciones:

Una de ellas, de matices sociologístas, enfatiza la importancia de las estructuras que rodean a las personas. El supuesto básico es que “de nada vale modificar al individuo si no transformamos las estructuras”. Y que “una buena organización social producirá una conducta adecuada de los individuos”. Según esto “lo que hay que cambiar es el sistema”.

  La otra posición es de carácter individualista: hay que empezar por modificar a los individuos “por dentro” y serán los hombres quienes producirán necesariamente los cambios estructurales. “De nada vale una modificación externa favorable si los integrantes del grupo social no son capaces de instrumentarla ”. Por eso, los que sostienen esta posición frecuentemente reducen su acción social a sólo una acción educativa.  Según esto “lo que hay que cambiar son los hombres”,  y todo lo demás “vendrá por añadidura”.

Ambas posiciones implican una dicotomía errónea. En ellas, “individuo” y “estructura social” resultan como el único factor determinante del otro.

  La verdad es que ambos constituyen dos aspectos no disociables de una misma realidad, como elementos mutuamente interdependientes y en permanenteinteracción dialéctica, jugando papeles recíprocos y complementarios, pero sin reducción de uno al otro. La realidad social es una configuración dinámica en continua transformación, donde los agentes  interactúan sin perder su individualidad. En un aspecto “el individuo es partede un todo que es la sociedad”; necesitado de ella y sujeto a sus leyes. Pero por otro lado, cada personalidad, como un “microcosmos”, es portador y generadorde esa cultura.

Con esto cambia el enfoque del problema. ¿Acaso se pueden cambiar las mentalidades sin transformar en algún aspecto las formas de organización social? A su vez: ¿se puede modificar el sistema sin afectar a los individuos? ¿Cómo cambiar pautas y sistemas de interacción social manteniendo intactas las actitudes y conductas de los integrantes?.

Si un cambio es auténtico, ha de abarcar todos los ámbitos, y por su esencia misma la modificación de un aspecto propiciará la modificación de los otros.

Puntos de partida

Las reflexiones precedentes desembocan en la pregunta que concentra en este artículo nuestro interés preferencial: ¿por dónde comenzar el cambio?

Es acertado usar la metáfora de concebir a la sociedad como el “cuerpo social”, como un organismo animado por su principio vital, la cultura, que es su elemento integrador; y en el que los individuos son como las “células”.

Pero los individuos no se integran a ese todo que es la sociedad directamente sino a través de núcleos o conjuntos que sirven de intermediariosarticulantes entre el individuo y la sociedad. A estos “órganos” (organizaciones) los llamamos “instituciones”.

Éstas son conjuntos organizados de personas (una escuela, una fábrica, un club, un hospital), con objetivos específicos (trabajar, estudiar, jugar), en los que los seres humanos alcanzan metas determinadas gracias a su pertenencia a ellas. Estos “órganos” cumplen funciones especializadas en vistas al bien del organismo y de las células del mismo. Así, “Personalidad, Grupo, Institución y Sociedad” señalan, al modo de círculos concéntricos,  diferentes formas de estructuras del comportamiento humano, cada una con modalidades dinámicas propias pero que también implican a las demás. (1)

En este punto, se ha de destacar el papel significativo que juegan lasinstitucionesen el cambio social. Ellas tienen legitimada su ubicación entre los posibles “puntos de partida” para promover el cambio. Con el mismo derecho con que algunos pretenden realizarlo “a partir de los hombres” o “de las bases”, en forma ascendente; y otros “desde arriba”, desde el “poder” en forma descendente, también es válido plantearse el cambio “a partir de las instituciones”.

 Todo cambio social sustentable y sólido debe incluir un cambio de las instituciones, ya que son relativamente independientes y merecen su atención particular. Más aún: parecen ser la piedra de toque del cambio social, donde éste prueba su firmeza y su genuinidad.   Ciertos intentos de cambio social, aún produciendo modificaciones estructurales del “sistema” y contando con suficientes esfuerzos de “mentalización” de los individuos, no logran sin embargo una transformación social perdurable por no alcanzar a producir un adecuado cambio institucional. Se dan instituciones funcionando de acuerdo a pautas tradicionales pese a estar dentro de una sociedad con una estructura global moderna y con hombres individualmente deseosos de cambio y aptos para él, pero a los cuales la estructura institucional termina por imponerles sus modelos de conducta.

Toda institución tiende a irradiar su influencia en un doble sentido: a modificar el entorno en que se encuentra y a generar cambios en los individuos que la componen modelando sus actitudes. Ubicadas como cuña en mitad de la organización social, ejercen una doble presión: hacia arriba, tendiendo a provocar modificaciones en el sistema; y hacia abajo, influyendo en los individuos y en los pequeños grupos. Así, pueden convertirse en el elemento promotor de un cambio total y en el realimentador de un proceso de transformación.

El nivel institucional es la esfera donde prende” y se afirma la evolución social. O el foco resistencial donde se atrincheran los esquemas anacrónicos. Es allí donde toma cuerpo un determinado estilo de vida y donde los pequeños grupos, unidades naturales de la vida humana, se desarrollan e interactúan.

Las instituciones resultan un campo predilecto para laacciónsocial en virtud de una razón definitoria de orden práctico: la dimensión de cada una de ellas, infinitamente menor que la de todo el organismo social, hace de la transformación de las mismas un hecho factible, de menor complejidad y con mayores posibilidades deconcreción. El trabajo en una institución permite transformar al cambio social, de un apetecible proyecto ideal. en algo tangible y real.

  Es excepcional, por ejemplo, que un docente pueda introducir cambios en el sistema educativo a nivel nacional o regional, pero es mucho más probable que, siendo un auténtico agente de cambio, produzca una transformación en el colegio en que actúa. O un empresario o un director de hospital: mejorar substancialmente la organización respectiva y convertirla en un modelo institucional.

La justicia social por ejemplo, deja de ser un puro slogan de propaganda

política o una vaga aspiración sólo cuando las relaciones entre cada

empresario y sus obreros son justas en cada empresa.  Nos parece

definidamente clarificador el caso siguiente:

         En el momento en que los accionistas de Rigolleau resuelven cerrar la   carpintería, que hacía pallets y cajones para botellas y encarecía los costos: era más barato comprarles a proveedores externos, Shaw no esquivó la decisión, pero le encontró una vuelta: arregló con los empleados el despido, pero les dio un préstamo para que armaran una cooperativa y los ayudó a comprar un terreno frente a la fábrica. Serían ellos, mediante un contrato de exclusividad, los que venderían cajones y pallets a Rigolleau a precios de mercado. La idea fue un éxito: la planta bajó los costos y los obreros, ya propietarios, mejoraron sus ingresos.(2)

  Aquí se pone en evidencia cuántos problemas se pueden resolver dentro       de una Empresa.

La gravitación inapreciable de las instituciones se muestra en que los hombres son en buena parte lo que las instituciones a las que pertenecen. Si los hombres no hacen que las instituciones sean lo que ellos quieren, las instituciones harán que ellossigan viviendo como no quieren. O los ideales se traducen en concretos sistemas de vida o los hombres terminan viviendo sin ideales. Y ¿qué son las instituciones sino la corporalización más o menos lograda de los ideales de los hombres?  Siento que yo vivo en una democracia si mi escuela, mi empresa, los servicios públicos que recibo, funcionan democráticamente; si eso no es así, esa democracia es una abstracción.

 Protagonismo personal y cambio genuino

El “cambio social”,  en su sentido genérico, resulta un concepto vacío para los integrantes de una población que no ha terminado de resolver su identidad o el problema de decidir qué modelo elige como “proyecto nacional”. Para la mayoría, esto resulta una empresa que la desborda y cada uno siente que su participación y sus posibilidades personales no cuentan. Todo se convierte entonces en algo decidido por poderes que están porencima de las fuerzas del individuo. El esfuerzo personal se concibe como improductivo y carente de sentido. Y cada uno, ya que no puede “influír en el todo”, opta resignadamente por “no hacer nada”.

 El enfoque institucional viene a iluminar el panorama desde una perspectiva que transforma la imagen de la situación. El individuo puede “ser alguien” y “hacer algo”. Puede trascender sin alienarse, compartir sin despersonalizarse, dar y recibir, realizando cada uno su proyecto en el proyecto de todos. Y esto entraña un mensaje esperanzador: “un país mejor es posible y no está tan lejos”.

Todo esto hace al funcionamiento de la democracia. Aspiramos a tener buenos gobiernos y un sistema democrático sano: si contamos con instituciones sanas, este hecho asegurará la honestidad de la acción gubernamental y de la actividad política, a la vez que  le hará muy difícil a estos, a causa de la transparencia del control al que estarán sujetos, tomar el camino de la corrupción. Y si las instituciones no son sanas, todo el esfuerzo que un buen gobierno pueda hacer para un funcionamiento social justo, fácilmente se verá neutralizado.

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  •  H. Polcan: Psicología de las organizaciones – Libro digital – Edic. Univ. Tecnológica Nacional EduTecN  2017.
  •  Ver: Mónica Aranda Baulero: La empresa, comunidad de vida y relaciones humanas: el ejemplar caso de Enrique Shaw. (Edit. Erasmus – Barcelona- 2012)     

La organización vence al tiempo.                                                                       

Las personas son, según una expresión usual, como las células del tejido social. Siguiendo  este esquema, la sociedad, por su parte, es el cuerpo social, el organismo como totalidad. Y en este modelo, las instituciones (u “organizaciones”) viene a ser como los “órganos” de ese cuerpo social.

Si la ética se ocupa de la “vida sana” de los miembros de la sociedad, su mirada se extiende consecuentemente tanto sobre los individuos como sobre las organizaciones y la vida social toda. Pero cada uno de esos niveles tiene sus cuestiones específicas y se plantean problemas diferentes en cada ámbito, que no pueden resolverse  con los elementos de los otros niveles.

Así, por ejemplo, cada ser humano tiene sus problemas personales, y se le plantean cuestiones éticas acerca de cómo resolverlos. Pueden referirse a las complicaciones que se generan acerca de un préstamo de dinero entre amigos. O si la carga de trabajo que una persona está soportando en la oficina excede lo razonable y se ha tornado injusta. O en qué medida el monto concreto que está aportando un ex-cónyuge al grupo familiar resulta un incumplimiento de sus obligaciones  paternas…         

La sociedad, por su parte, tiene lo suyo. Se le plantea el problema de cómo dominar la técnica a fin de que no se convierta en un peligro para la calidad de vida de la población. O la cuestión de la ingeniería genética y la reproducción artificial. O la justificación o no de la pena de muerte o de la guerra. O la cuestión de la ecología…

Por lo tanto, también las instituciones enfrentan dilemas y problemas que les son propios.

Si una escuela termina finalmente educando o deformando a sus alumnos. Si las organizaciones de la salud paradójicamente resultan enfermantes. Si las organizaciones laborales favorecen una vida sana o generan egoísmos competitivos. Si el sistema carcelario facilita la resocialización del recluso o lo confirma en su patología…

La mayor parte de la felicidad o infelicidad de los individuos depende de cómo viven dentro de las organizaciones. El trabajo puede ser fuente de alienación. Las actividades del club pueden ser una forma de “matar el tiempo” sin provecho. Una escuela puede fracasar en su objetivo humanizante.

“ Esta pasividad se aumenta aun más por la incapacidad que se siente frente al peso y la tiranía de las estructuras, contra las cuales el individuo concreto reconoce su impotencia…. Berger ha calificado como “liliputiense” al trabajador dentro  de la enorme empresa, por la insignificante influencia y la poca importancia que tiene  en su funcionamiento” (Etica y vida – E. López Azpitarte . E. Paulinas- Madrid).

En síntesis: las organizaciones tienen un formidable efecto sobre la formación de la mentalidad de los individuos. Por tanto, si aspiramos a una sociedad sana, un camino importante puede ser contar con  instituciones sanas.

Por su extensión, no podemos tratar aquí las múltiples cuestiones éticas  que plantean las organizaciones (esto será tema de una próxima obra nuestra). Pero sí conviene señalar principalmente algunos conceptos esenciales de la dinámica institucional y algunas cuestiones éticas básicas.

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