PSICOLOGÍA DEL RESENTIMIENTO

Por Hugo Polcan

Si nada puede hacer que te sientas ofendido,
te haces invulnerable
.

Heridas sin sanar

En el psiquismo humano anida todo tipo de tendencias. Algunas son nocivas, tienen una fuerza relevante y se infiltran solapadamente en la conducta. Una de ellas es el resentimiento.
El resentimiento es una modalidad enfermiza del carácter, una vivencia de rechazo y de rencor hacia el que se considera causante de una ofensa. Perdurable en el tiempo, esa hostilidad interior queda como una herida abierta, reaparece ante cada recuerdo y se convierte en un tóxico emocional que amarga la vida.
Mientas la ira es de expresarse abiertamente, de manera explosiva, el resentimiento se desarrolla principalmente en el mundo interno y se va incubando como un proceso crónico.
En el resentimiento juega su papel la fantasía, porque con ella se agranda la dimensión de la ofensa recibida. El resentido se considera víctima y asume la victimización como defensa de su derecho a la retaliación. Arrastra una indignación irresuelta y expresa hostilidad con quejas continuadas que son reflejo de su impotencia. Descontentadizo, se siente menospreciado y herido en su autoestima, y piensa que los otros son responsables de que su vida sea como es.      En su génesis se pueden encontrar  frustraciones que la persona no ha podido superar, y como el malestar interno es un estado penoso difícil de tolerar, la hostilidad se vuelca hacia afuera y se proyecta en el objeto del resentimiento. Es la historia de infancias de maltratos, abusos o humillaciones, de hijos víctimas del abandono parental, de desprecios  raciales o de clase, de deseos frustrados, de pérdidas graves… que luego se buscan  compensar con su sed de venganza.
No puede aceptar lo sucedido, queda fijado en el pasado y es incapaz de perdón  y reconciliación. Descontentadizo, aunque se le den cosas  igualmente no se siente bien consigo. Rechaza su estado actual, pero no tiene metas propias.  Le es más importante la venganza que superarse y cambiar la situación.

La sed de venganza

Nos hemos referido al resentimiento individual. Pro también existe el resentimiento social. Cuando una población sufre desigualdades irritativas,  exclusión, injusticias o abuso el poder, la hostilidad colectiva se orienta fácilmente hacia la violencia, se instala la lucha como la forma de vida habitual, se la justifica por “la injusticia de amenazantes poderes enemigos”(1) y hace propicia la búsqueda de líderes salvadores.
El líder, a su vez, como aparente defensor de los pobres, “legitima” con este pretexto su despotismo.
Muchas veces nos hemos preguntado por qué hay muchedumbres que durante largo tiempo mantienen su sometimiento bajo un régimen despótico y no se rebelan. Es que por ser el que satisface la sed de venganza colectiva, que es lo que realmente importa, a él se le perdona cualquier deshonestidad, corrupción, engaño o abuso del poder.
Así, populismo y resentimiento de realimentan. La hostilidad colectiva facilita la instalación del autoritarismo y éste estimula el resentimiento para perpetuarse.
Además, en los populismos se desfigura la noción de Pueblo, porque la verdad es que Pueblo es toda la sociedad, no la porción de población contaminada por el resentimiento.
Por otro lado, en el ámbito espiritual se usa el término Sed de Justicia. Existe un parecido de estructura verbal entre una y otra expresión, pero justamente tienen significados opuestos. Sed de Justicia indica ardiente deseo de Verdad, de equidad, de consideración de derechos, de dar a cada uno lo suyo. Sed de venganza, en cambio,  supone odio y destrucción.

Si, como ejemplificación, pasamos revista al nazismo, el padre de los populismos modernos, y tomamos en cuenta a sus partidarios, encontramos que “los más exaltados nacionalsocialistas provenían de una pequeña burguesía : una clase que no tenía esperanzas, llena de resentimientos y con el “carácter del ciclista”: doblegarse ante los de arriba y pisar a los de abajo” (2)
 
Y con respecto a Hitler, vemos que “…… vivió, como muchos narcisistas, muchas desilusiones…..”.  “ Ocultó a todo el mundo, incluso a su mejor amigo, que había fracasado en su examen de ingreso a Arquitectura…”.
“Era un actor notable, que podía hacer creer que su finalidad era la salvación, la liberación y la conservación de Alemania”…..” Necesitaba de las masas para sentirse fuerte, necesitaba del aplauso y la exaltación”.
“Fue un narcisista toda su vida. No tenía ningún amigo. No le interesó nada que no fuera él mismo, sus planes, su poderío y su voluntad.  Y el abismo entre sus ideas de grandeza y las realidades efectivas se hizo cada vez más grande.  De esa profunda separación  surgieron resentimientos, cólera, odio y el aumento de su megalomanía, porque cuanto menos lograba en la realidad tanto más visionario se volvía”.
(3
En muchas poblaciones del populismo encontramos condiciones similares a las del nazismo, así como generalmente los líderes populistas suelen mostrar, en mayor o menor medida, rasgos afines a los de Hitler.

El estado de ánimo de la vida pública argentina está cargado de una atmósfera de frustración, desesperanza  y resentimiento. Le indigna ver la desigualdad y la exclusión de un país injusto y la frivolidad del poder. Mientras no sea purificado de esa nube tóxica, no tendrán solución los problemas políticos y económicos. Porque la Política necesita ser respaldada por una ética de la solidaridad y  la Economía  ser humanizada buscando el bien de todos.
El contexto social condiciona el ánimo de las personas; por eso el camino está en mejorar sus condiciones de vida, sacarlas de la marginación, empoderar su dignidad y abrir espacios de desarrollo y humanización.
Los frutos del resentimiento, aun cuando algunas veces pueden parecer positivos, siempre terminan siendo destructivos; así como los de la solidaridad siempre son constructivos.  Se requiere desplegar las banderas del perdón y la reconciliación,

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(1) Es una realidad que existen colosales poderes económicos causantes de injusticias inadmisibles. Y que también existe gran cantidad de grupos enemigos de la humanidad. Aquí nos referimos a que los populismos desfiguran esas realidades con fantasías y explicaciones imaginarias. A veces pueden acertar en las críticas, pero no aciertan en las soluciones. El enemigo de mi amigo no es necesariamente mi amigo.
(2)E. Fromm: El amor a la vida (Paidos Studio) 1985.  pág 185.
(3) Ibidem pág 191-193.

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