¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE UN ATENUADOR DE VELOCIDAD Y UN BACHE?

Por Mario Rubén Sosa

Pareciera que son dos cosas totalmente diferentes y que nada tienen que ver una con la otra. Pero el daño que producen en los automotores es el mismo cuando se circula por una calle, avenida, ruta o camino rural.

En un país donde se perdió calidad educativa, la cual viene en franca decadencia desde hace dos décadas o mas, se pretende enseñar Educación Sexual en vez de implementar la muy necesaria Educación Vial, la que debería ser de carácter obligatoria en el sistema educativo porque todos somos potenciales conductores de automotores. Conducir una bicicleta, motocicleta, automóvil o vehículo de gran porte…, es algo que se aprende.

La Educación Sexual debería ser responsabilidad de los padres y mayores. Educación Vial es responsabilidad tanto de los padres como del sistema educativo. Lamentablemente no se le da la importancia que se merece, los municipios brindan material escrito para estudiar y posteriormente tomar exámenes prácticos cuando los adolescentes llegan a la edad requerida para contar con Licencia para conducir. La Educación Vial es algo que se debe enseñar desde los primeros años de edad.

Los reductores de velocidad fueron implementados tres décadas atrás en los países nórdicos, creyéndose que esto ayudaría a reducir los accidentes viales. La experiencia demostró que los mismos no se reducían (por más que hubiese cartelería vial suficiente), las estadísticas sobre víctimas viales se mantenían en firme.

Las empresas automotrices suecas, muy pronto se dieron cuenta que estos reductores producían daños en elementos sensibles de suspensión (amortiguadores, brazos de suspensión y espirales), sujeciones de motor, soportes de caja de cambios, etc. Todo esto provoca inestabilidad en un automotor al circular, o los mas grave…, roturas a altas velocidades en ruta por desgaste o fatiga en los diversos materiales. Es decir, el automotor se dañaba gravemente a causa de estos “atenuadores”…, ¡aun circulando a muy bajas velocidades! (y sin que el conductor lo supiese).

El conductor no era responsable del daño que sufría su propio vehículo con estos “obstáculos viales”, diseñados para reducir las velocidades de los automotores. Es cosa común explicar un accidente vial con la frase “error humano”, la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿de quién es el error humano?. Cuando un neumático se destruye a 90 km/h (una velocidad que es legal), hay que investigar primero ¿en dónde comenzó a dañarse el neumático? (a menos que un bache insignificante o desnivel en la ruta hay sido el causante al momento del accidente).

Estos daños en los automotores se hicieron visibles en los controles técnicos obligatorios implementados en Europa varias décadas antes que en Argentina. La experiencia sirvió para mejorar los productos automotrices en lo que refiere a mejoras en el diseño de estructuras, asi como elementos de seguridad adicionales, etc (los automóviles y camiones suecos fueron considerados durante la década del 70 y 80 como los mas seguros del mundo).

El proyecto europeo de reducir las velocidades duro muy poco, inmediatamente se suprimieron todos los “atenuadores” de velocidad. Incluso se observço que, al obligar a circular a muy baja velocidad, se elevan las emisiones de gases residuales derivados del petróleo. Hacer fluir el tránsito era mucho mejor que hacerlo mas lento. Menor velocidad no es garantía de seguridad, tal es qué en cierta ocasión, Don Juan Manuel Fangio dijo: “…el que anda despacio en una ruta, es el que provoca accidentes”.

Lo insólito es que los fabricantes decidieron ofertar estos productos -en desuso- a países emergentes como el nuestro, donde se instituyo su uso e instalación sin que haya una ley que los admitiera como tal. Hoy es habitual que los municipios argentinos asfalten una calle o avenida e instalen inmediatamente un reductor/atenuador de velocidad, sin que haya estudios previos que demuestren su necesidad, creyéndose que es algo muy necesario en pos de generar conciencia vial (la gente cree que son útiles incluso). Todo destrozo en un vehículo debe ser asumido por el propietario; solo a fuerza de demostrar judicialmente la responsabilidad de un Municipio, se es eximido de este oneroso costo. En todo el país es cosa normal, ver -en su mayoría-, que los obstáculos viales llamados reductores de velocidad ¡no están señalizados o indicados como corresponde! (en las imágenes de esta publicación lucen muy lindo).

Esta demostrado que el daño es mayor cuando mas pesado es el vehículo, como camiones de reparto, ómnibus urbanos, vehículos de emergencias como los de Bomberos Voluntarios o Ambulancias, taxis, etc. El daño en el transporte público es considerable, llegándose al extremo de seguir permitiendo ómnibus de motor delantero en el interior de nuestro País por contar con chasis mas fuerte y sólido que los muy modernos de piso rebajado.

De igual manera se construyen badenes y “lomos de burro” ex-profeso para provocar el mismo efecto que los reductores de velocidad. Por mas que estos estén debidamente señalizados, frenar un vehículo ante un badén o lomo de burro produce igualmente desgaste por fatiga en elementos sensibles del vehículo (ya mencionados), de igual manera que un reductor de velocidad.

El exceso de confianza también engorda las estadísticas en accidentes viales, creemos -como conductores- que jamas nos ocurrirá nada al volante de un vehículo, es algo real. Como conductores no podemos advertir fácilmente un daño estructural en un automotor por fatiga de material, lo invisible a nuestros sentidos básicos, no es un dato menor. Un automotor se daña en una ciudad o pueblo con mayor facilidad de lo que creemos…, y se siguen instalado estos obstáculos viales de manera desconsiderada (inconsciente).

Desde el Congreso Nacional (Cámaras Baja y Alta), se debería prohibir POR LEY estos obstáculos viales en todo el país, por el daño que provocan en los automotores (y sus posteriores consecuencias). El tránsito urbano debe ser lo mas fluido posible (sin estrangularlo con un obstáculo), estudiando cada situación relacionada con el tránsito urbano vial en lo particular. Donde sea necesario se deben instalar semáforos, donde convenga construir una rotonda igual. Pero lo mas importante es educar al ciudadano desde pequeño, desde la escuela primaria (un peatón debe ser educado como tal). Sin educación es imposible reducir las lamentables estadísticas en accidentes viales en Argentina (el que no es víctima en una ruta, lo es en una calle, avenida o camino rural).

Nuestro país, es un pobre país donde reina la ignorancia en muchos temas (como el que se trata en este informe). En las ciudades y pueblos donde hay atenuadores/reductores de velocidad, badenes y baches…, hay atraso en abundancia, es una muestra de decadencia y subdesarrollo (el progresismo es utopía al 100%). La velocidad de un automotor, se reduce generando conciencia.

Sino progresamos como sociedad…, ¡involucionamos!

Atentamente:

Mario Ruben SOSA – DNI: 16879946

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