SECAR LA PLAZA O LA DESERTFICACIÓN MONETARIA

Por Ricardo Luis Mascheroni -docente-

Los piratas internacionales, que históricamente saquearon a infinidad de pueblos para obtención de riquezas, ya no se conforman con llevarse los recursos naturales y commodities, sino que acaparan y manejan todo el circulante monetario de los que caen en sus redes.

Una de las grandes preocupaciones ambientales, está configurada por el avance en el Planeta de la desertificación, que amenaza las producciones agrícolas y la alimentación de millones de personas.

La desertificación es la deshidratación progresiva y la pérdida de humus de los suelos, por fenómenos naturales, pero también de la actividad del hombre a través de modelos agrarios insustentables, de la deforestación y del riego artificial. Ello hace que los suelos se tornen estériles e improductivos y pierdan su riqueza.

Sobre esta desertificación todos hablan, pero nada se dice de la desertificación económica o monetaria, que es más perjudicial y más rápida que aquella, ya que extrae el circulante monetario de la gente a través de distintos artilugios y mecanismos que secan la riqueza social.

La globalización imperial ha impuesto un modelo industrialista y productivista que hace del consumo irracional un paradigma de vida”, llevado adelante por las grandes multinacionales que como ejércitos de ocupación colonizan hasta las zonas más recónditas del mundo y también las mentes y consecuentemente generan una dependencia cultural hacia ese sistema que nos promete el paraíso, el que nunca alcanzaremos.

Sus armas son la mercadotecnia, el discurso de los nuevos gurúes, las marcas, patentes y royalties y los medios de comunicación monopólicos o cartelizados en lo empresarial y en lo ideológico, que machacan hasta el cansancio las verdades reveladas de la nueva religión del Mercado.”

La ignorancia o complicidad de nuestros representantes hace el resto”.

Como dice José Saramago  “Impresionados, intimidados por el discurso modernista y tecnicista capitulan. Aceptan adaptarse al nuevo mundo que se nos anuncia como inevitable. Ya no hacen nada para oponerse. Son pasivos, inertes, hasta cómplices. Dan la impresión de haber renunciado a sus derechos y a sus deberes. En particular su deber de protestar, de sublevarse, de rebelarse.”

Con esas armas, el neocapitalismo maximiza sus ganancias, incrementando la tasa de transferencia monetaria desde los países empobrecidos hacia los enriquecidos del mundo, lo que le reporta no solo más divisas, sino concentración y poder de decisión en pocas manos, por encima de los Estados mismos.

En esa estrategia, sus regimientos de ocupación son encarnados por: shopping, hiper y megamercados, bancos, casinos y salas de juegos y empresas de servicios (telefonía, turismo, prepagas de salud, etc.), de capitales globales. Estos negocios, cual barrenos que horadan la piedra, van succionando hora a hora, día a día y año a año, el esfuerzo, el trabajo, el sacrificio y el ahorro de los pueblos en que se aposentan, con una rentabilidad más desproporcionada que en sus países de orígenes, que es remesada a sus casa centrales sin solución de continuidad.”

No hay nada nuevo, la famosa Armada Invencible en la conquista de América llevaba las bodegas de sus barcos cargadas de oro y plata de sus colonias, rumbo a la metrópolis. Hoy no se necesitan grandes flotas, se hace con asientos contables y dinero electrónico, sin riesgos de piratas o naufragios, por lo menos, eso creo.

Mientras las pasteras, mineras, petroleras, empresas agrícolas y demás se llevan el agua, los bosques y los nutrientes, el oro, la plata, el cobre y tantos otros minerales de valor estratégico, empobreciendo nuestro patrimonio, los shopping, telefónicas, megamercados y casinos completan la expoliación, llevándose el dinero del bolsillo de los trabajadores, sumiéndolos en las carencias y la miseria más terrible.

La evasión y la fuga de divisas hacia paraísos fiscales profundizan el cuadro.

Tanto la desertificación de los suelos como la económica tienen mucho en común, ya que ambas hacen desaparecer la riqueza y generan pobreza.

La tierra yerma y arrasada y la desaparición del circulante y de la capacidad de ahorro,  van quedando a su paso, matando toda posibilidad de futuro.

De la mano de ello, la desocupación, la precariedad laboral y los quebrantos de la pequeña y mediana empresa florecen como hongos después de la lluvia.

La trampa cazabobos para ello está armada y se camufla en negocios de mercaderías y servicios varios, y que en estos días se profundiza con los nuevos dispositivos y plataformas de comercio puerta a puerta, que afectan a los pequeños y medianos comerciantes.

La diversidad es tan amplia, que ya no quedan actividades en los que no hayan extendido sus tentáculos, como lo vemos en los Uber, Globo, Pronto ya, y tantas otras variedades, que bajo la ilusión de brindar mayor comodidad, configuran una metástasis que acapara todas las utilidades.

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